sábado, 31 de diciembre de 2011

We wish list a Merry Christmas

Como el año pasado, y como buen procrastinador, vuelvo a elaborar una lista de deseos en el último momento que me sirve para contar aquí algunas cosas de las que me gustan (y me gustaría tener), y participar de paso en el concurso de listas de deseos que promueve la FNAC, titulado Acción Wishlist 2012 y cuyo premio es el importe total de lo indicado, que no puede superar los 2012 € (cantidad que no es azarosa, como cualquier lector sutil puede apreciar). En fin, ahí va.

Importe total de la lista: 2011,78 €

¡Feliz año nuevo!

domingo, 16 de octubre de 2011

El árbol de la vida: un acto de fe

Para Calix, sin cuya insistencia no hubiera escrito esto

Tras haber estado pensando en El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011), creo que, como película sobre el Misterio, para apreciarla pide literalmente de un acto de fe: como en la experiencia religiosa, requiere de una creencia en ella a priori para disfrutarla. Uno tiene que decidir que le va a gustar para que le guste, como los discípulos de Jesús debían subir a su barca y creer para comenzar a entender y apreciar lo que les decía el Maestro. Imagino que esto es un defecto, porque una obra de arte debería tener suficientes elementos per se para poder apreciarla sin condiciones previas; por otra parte, creo que, al mismo tiempo, toda obra de arte que no sea abiertamente irónica, paródica, sobre todo si es ambiciosa, seria, y busca emocionar, requiere de un pequeño acto inicial de fe por parte del receptor. Si uno se acerca con cinismo —justamente, con mala fe—, resulta muy sencillo que hasta la más sublime creación seria sea susceptible de la parodia. Lo explica muy bien el agrio narrador de Maestros antiguos, de Thomas Bernard: “Lea a Kant con insistencia y con más insistencia aún y de pronto le dará un ataque de risa […] En el arte se puede ridiculizar todo” (las cursivas son del autor).

El problema de El árbol de la vida es que está al límite (si no lo sobrepasa) de la delgada línea roja que separa lo lírico y lo grandioso serio de lo kitsch. Uno puede sobrecogerse con su espectacular remontada al origen del mundo, que implica por parte del autor aceptar a portagayola el reto de la cita de Job con que comienza la película, respuesta del mismo Dios a Job al porqué del mal: “¿Dónde estabas al fundar yo la tierra, / Dímelo si tanto sabes, // entre la aclamación de los astros matutinos y los aplausos de todos los hijos de Dios?” (Job, 38, 4-7); porque solo desde esa perspectiva puede uno asumir el absurdo y aceptar los designios de un Dios que lo abarca todo, como ocurre en la película… O puede decidir que se trata de un conjunto de imágenes de archivo de National Geographic, o un power point de los que circulan por Internet. Por no hablar del desierto —la experiencia del desierto, tan religiosa— y posterior ¿paraíso?, que (con más dificultad) puede comprenderse, mientras suena el Lacrimosa de Zbigniew Preisner, como una epifanía del hijo mayor tras de su crisis; o bien como una ilustración en movimiento de los Testigos de Jehová si no, como dicen algunos maliciosos, como un anuncio de seguros…

Cartel tomado de VesCine
El árbol de la vida es una película moderna en el sentido de anterior a la posmodernidad: no solo no renuncia a la posibilidad de una obra de arte que pueda aprehenderlo, comprenderlo todo, sino que convierte esto en el asunto mismo de la obra, a la manera de Virginia Woolf o Walt Whitman (“creo que una brizna de hierba no es inferior a la jornada de los astros”). Malick intenta una narración total, con un narrador que se sitúa más allá de la omnisciencia, que trata de abarcar desde el big-bang al zigoto pasando por la intimidad de los personajes mediante la voz en off. Pero, paradójicamente, dicha totalidad se resuelve mediante el fragmento inconexo, lo discontinuo (otra característica moderna): no como un todo coherente y ligado, sino como reunión de fragmentos. El cartel de la película es una magnífica expresión gráfica de lo que pretende ésta: una yuxtaposición que quiere ser exhaustiva, que apunta a un sentido pero donde no se nos ofrece la ilación de la trama: como la vida misma. Una narración que, por tanto, funciona más como un poema o una partitura y, donde más que un hilo narrativo, hay que buscar la lógica discursiva (redundante, rítmica, simbólica), de un poema. El problema es que nuestra sensibilidad estética es posmoderna: se ha acostumbrado al fragmento que no busca el todo, al microrrelato, al videoclip; a la parodia, a la broma, a la ironía; al sinsentido sin mayores preocupaciones. Y a veces es casi inevitable no ver momentos de El árbol de la vida como una parodia de sí mismo: directamente como una parodia que hicieran los Simpson sobre El árbol de la vida. No sé si ésta a veces bordea efectivamente el ridículo, o si es que tenemos el gusto estragado de cinismo.

Si de la fe se dice que no se sabe si uno cree o si uno quisiera creer, yo no sé si El árbol de la vida me gusta, o si tan solo me gustaría que me gustara.

domingo, 2 de octubre de 2011

Amor al arte

Aun a riesgo de parecer que estoy haciendo la homilía del domingo, quiero decir que lo que más me impresionó de la representación de anoche de La voz humana en el Teatro Tamayo, con Verónica Plata en el papel protagonista, Héctor Eliel Márquez al piano, con dirección de Rafa Simón, es la realización misma del proyecto. En un mundo donde, ya casi de forma automática, lo primero que uno se pregunta es qué puede sacar de algo, qué va a reportar, quién nos lo paga, resulta instructivo y emocionante saber que todavía puede juntarse un puñado de personas para hacer algo por el gusto de hacerlo, porque es divertido, porque merece la pena: literalmente, por amor al arte. Por amor al arte ha habido incontables horas de ensayos, preparación, conversaciones; por amor al arte un puñado de personas han trabajado de asistente de sala, de responsable de los subtítulos, de iluminador, regidor... Sin cobrar nada, sin esperar por ello una promoción personal; tan sólo, repito, porque merecía la pena hacerlo, y que un público lo viera. Y con unos resultados a la altura de la dedicación, el entusiasmo y la profesionalidad de los participantes.

Esto no puede hacerse siempre, claro: de algo hay que vivir. Pero puede hacerse: alguna vez, en el tiempo libre, que es más del que solemos creer. Para mí ha sido una lección y me ha dado que pensar. Sobre la cultura en tiempos de crisis; sobre nuestro papel como espectadores y personas intersadas en el arte que siempre esperan que sea otro, por lo general una institución pública, quien haga el trabajo o ponga el dinero -ay, las célebres subvenciones a la cultura- para el espectáculo que queremos ver.

jueves, 8 de septiembre de 2011

La piel que habito

Nota: en esta crítica no hay spoilers.

En La piel que habito se produce algo sorprendente: se trata de uno de los pocos casos en los que una película le falta metraje, cuando lo normal suele ser lo contrario. En ella se producen una serie de procesos, de transformaciones, una evolución en la psicología de los personajes, que requerirían de un mayor detenimiento, no tanto para que el espectador los comprenda, sino para que los sienta y se vuelvan, por tanto, verosímiles e interesantes. Por ejemplo, la película debería haber tenido un tramo voyeurista importante y, sin embargo, sólo se nos ofrece una breve escena incapaz de rendir cuentas de la obsesión del protagonista. Este desarrollo también habría hecho más creíble —o menos relevante el hecho de su posibilidad, más una licencia artística— el hecho central de la película que, salvo por una capacidad notable de suspender la incredulidad (probablemente vinculada con una simpatía a priori por la obra de Almodóvar), bordea lo ridículo: basta con atender a su relato por parte de la protagonista al final de la película a otro personaje: no se sostiene y suena a chiste, cuando el momento debería ser de patetismo y anagnórisis.

La puesta en escena es buena: Almodóvar sabe hacer cine. La historia presenta, como no, ideas notables. Pero cuando una obra de arte queda mejor explicada en sus intenciones que exhibida ella misma, malo, y eso es lo que ocurre con La piel que habito (como ya ocurría, por ejemplo, con La mala educación): que aparecen ideas, relaciones interesantes cuando uno se para a pensar sobre ella después, pero no mientras se está viendo: los elementos están ahí pero apresurados (y no se trata de que estén tan sólo sugeridos, según exigencias de la modernidad, para que el espectador haga el trabajo). O sea, que, aun siendo mejor película que la farragosa Los abrazos rotos, también es un trabajo fallido de Almodóvar.

domingo, 7 de agosto de 2011

Sobre la lista de películas

Mi amigo Calixto me pide razón de las películas de la lista del post anterior. Tiene lógica. Dejo aquí, algunos apuntes sueltos, hechos sobre la marcha, vacacionales.

Lo primero: en general, la lista de películas es buena por la sencilla razón de que están seleccionadas. Entre la consabida falta de tiempo y la edad, uno ya no ve cualquier cosa sino que se pone a ello con cierta deliberación. Incluso lo malo o lo que es sólo para divertirse un rato.

De las películas vistas en el cine, de estreno, la mejor ha sido Two Lovers. El retrato que hace de las relaciones amorosas en toda su complejidad -a partir de un motivo tan manido como el de un hombre que no se decide entre dos mujeres a las que ama- es melancólico, poético, sutil, con moral pero sin moralismos; es una película excelentemente rodada, sin pretensiones, con intimismo y eficacia. Fue un descubrimiento. También me gustó mucho La red social, esa típica película que algunos menosprecian tan sólo porque no parece tener un tono elevado o superficialmente retórico en el guión. Recuerdo que me sorprendió el ritmo, que remedaba al de las propias relaciones en Internet. Origen me gustó mucho, como todo lo de Nolan: creo que ha conseguido aunar profundidad, espectáculo e imaginación, aparte de reflexionar sobre la propia tarea de hacer cine, que consiste en urdir sueños y montarlos después; me gustaría volver a verla porque no se deja a trapar a la primera. Valor de ley también me pareció excelente, clásica, rotunda. El cisne negro también me gustó, a pesar de algunas irregularidades; pero se arriesga a emocionar y a cierta profundidad cuando lo normal viene siendo ser irónico y quitar hierro, y eso me ganó; aparte de que el principio es precioso. El discurso del Rey me resultó entretenida, pero algo convencional. De Medianoche en París admito que no es una gran película, pero yo quise ver un guiño irónico y sentimental a las aspiraciones culturales, ni siquiera secretas,de tantos gafapasas como somos de medio pelo, quizá las del propio Allen, y me resultó emotiva y enternecedora por eso. Cuando estuve en la Shakespeare and Co. había gente en los divanes escribiendo en Moleskines; jóvenes y no tanto. Daba algo de vergüenza ajena, sí, pero al mismo tiempo resultaba enternecedor.

La mayoría de los otros títulos son muy conocidos y habría poco que decir. Soy fan de Píxar, y creo que Los increíbles es la mejor película de superhérores que se ha hecho (con permiso de El caballero oscuro). No había visto antes Bambi y fue una sorpresa: me pareció una película poética, profunda y terrible, casi nietzscheana, con ese subrayado del retorno cíclico de las cosas en el que se diluye la muerte (tremenda la elipsis entre la lágrima furtiva de Bambi, el fundido a negro y los pájaros cantando después en plena primavera); y esa presencia dañina del ser humano a quien nunca se le ve, sino tan sólo su rastro de destrucción.

Me sorprendió mucho también Metrópolis. La gente se asombra de ciertas tonterías actuales en 3D tan sólo porque no han visto lo que se hacía en los años 20, y con menos recursos. Me reí con ganas con Los caballeros las prefieren rubias. Creo, sin asomo de nostalgia, que ya no se hacen películas tan graciosas. Y, con nostalgia, que ya no existe ni esa elegancia ni ese glamour.

De las películas más gafapastosas, me gustó mucho Blow-up (creí que iba a ser más aburrida y pretenciosa), su reflexión sobre la mirada y la realidad, tan de la época -pleno estructuralismo francés-, y ese mostrarte las cosas casi en tiempo real, como si estuvieras allí. Teorema sin embargo, me pareció que había envejecido mucho, las angustias existenciales de los protagonistas, tan enternecedoras hoy (¡un empresario que cede la fábrica sus obreros porque está hastiado de vivir en la mentira burguesa!); me pareció interesante, pero ya como historia del cine. Café y cigarrillos era simpática, con alguna historia interesante (la de las hermanas, en el hotel), pero no termino de entender el revuelo. Creo que es porque no sé de música popular, y no pillaba las referencias.

sábado, 6 de agosto de 2011

Películas vistas desde julio de 2010

Admito con vergüenza que veo menos cine del que me gustaría (sobre todo en comparación con amigos que ven una o dos películas por día). Hace un tiempo, me dio por anotar las películas que iba viendo, para acordarme y porque idolatro las listas. Ahora me doy cuenta de que es una forma como otra cualquiera de rememorar el pasado. Estas son las películas que he visto desde julio de 2010 a julio de 2011 incluido. A quien lea esto, puede servirle para cotejar si conoce los títulos, cuáles ha visto...; como muchas las vi por televisión, puede constatar que las vio el mismo día -o que coincidió conmigo en el Cine-club universitario. Los títulos que aparecen en el idioma original fue porque las vi en dicho idioma, subtituladas (o porque las conocemos por el título original, como es el caso de Toy Story). Las que tienen un R significa que ya las había visto antes. Así, a bote pronto, y sin haberlo premeditado, hay muchas películas de Disney, y de Disney-Pixar; de Woody Allen y de John Frankenheimer (porque hubo sendos ciclos en el citado Cine-club); de Christopher Nolan; y, como género, de terror.

Two Lovers (James Gray, 2008)
Secretos y mentiras (Mike Leigh, 1996) (R)
El tercer hombre (Carol Reed, 1949)
Toy Story 3 (Lee Unkrich, 2010)
Pink Narcissus (James Bidgood, 1971)
La jaula de las locas (Edouard Molinaro, 1978)
Origen (Christopher Nolan, 2010)
Teorema (Pier Paolo Pasolini, 1968)
Blade Runner (Ridley Scott, 1982) (R)
La leyenda de la ciudad sin nombre (Joshua Logan, 1969)
Repulsión (Roman Polanski, 1965)
La jungla de asfalto (John Huston, 1950)
El juego de la sospecha - Cluedo (Jonathan Lynn, 1985)
Los increíbles (Brad Bird, 2004) (R)
E.T. (Steven Spielberg, 1982) (R)
The Producers (Susan Stroman, 2005)
Take the Money and Run (Woody Allen, 1969)
La red social (David Fincher, 2010)
Broadway Danny Rose (Woody Allen, 1984)
La Pantera Rosa (Blake Edwards, 1963)
The Purple Rose of Cairo (Woody Allen, 1985) (R)
Hannah and Her Sisters (Woody Allen, 1986) (R)
El espinazo del diablo (Guillermo del Toro, 2001) (R)
El laberinto del Fauno (Guillermo del Toro, 2006) (R)
Anything Else (Woody Allen, 2003) (R)
Un profeta (Jacques Audiard, 2009)
El albergue rojo (Gérard Krawczyk, 2007)
The Ring - La señal (Gore Verbinski, 2002)
Monstruos S. A. (Peter Docter, 2001)
M (Fritz Lang, 1931)
Miracolo a Milano (Vittorio de Sica, 1951)
El truco final - El prestigio (Christopher Nolan, 2006) (R)
Birdman of Alcatraz (John Frankenheimer, 1962)
The Manchurian Candidate (John Frankenheimer, 1962)
The Train (John Frankenheimer, 1964)
Valor de ley (Joel & Ethan Coen, 2010)
El cisne negro (Darren Aronofsky, 2010)
Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb (Stanley Kubrick, 1964) (R)
X (Roger Corman, 1963) (R)
Blow-up (Michellangelo Antonioni, 1966)
The Band Wagon (Vicente Minnelli, 1953)
Gentelmen Prefer Blondes (Howard Hawks, 1953)
Misery (Rob Reiner, 1990)
Insomnio (Christopher Nolan, 2002)
La ola (Dennis Gansel, 2008)
El discurso del Rey (Tom Hooper, 2010)
Metrópolis (Fritz Lang, 1927)
La sirenita (Ron Clements, John Musker, 1989)
Café y cigarrillos (Jim Jarmush, 2003)
Carrie (Brian de Palma, 1976)
Fuego en el cuerpo (Lawrence Kasdan, 1981)
Descalzos en el parque (Gene Saks, 1967) (R)
King Kong (Peter Jackson, 2005)
Gomorra (Matteo Garrone, 2008)
El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008) (R)
El talento de Mr. Ripley (Anthony Minghella, 1999) (R)
Cowboy de medianoche (John Schlesinger, 1969) (R)
Poltergeist (Tobe Hooper, 1982)
Bambi (James Algar et alii, 1942)
Futurama: El gran golpe de Bender (Dwayne Carey-Hill, 2007)
L'amore (Roberto Rossellini, 1948)
Medianoche en París (Woody Allen, 2011)
Sola en la oscuridad (Terence Young, 1967)
De repente, un extraño (John Schlesinger, 1990)